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Traducciones

De Crítica y Críticos de Arte
Ensayos
escrito por Gloria Cortés Aliaga   
08 de septiembre de 2010
Ideología Y Ficción


  En el siglo XIX, la presencia de críticos como Baudelaire en los salones parisinos y el concepto de modernidad en las artes, promueve nuevos métodos discursivos en torno al ejercicio crítico, una jerarquización de los artistas y unos valores asignados por la esfera pública en conjunción con la reflexión e imaginación. En Chile, como en el resto de los países latinoamericanos, se germina una especie de modernidad excéntrica o periférica que se encuentra lejos de coincidir con las experiencias de origen. Una modernidad que, tomando modelos europeos, es aprehendida por nuestros artistas y modificada hacia las necesidades de las democracias latinoamericanas. Como lo señala la historiadora del arte Laura Malosetti, una “legitimización hacia adentro1 o de apropiación cultural en constante tensión entre “el nacionalismo y el cosmopolitismo, entre la conciencia estética y la conciencia pragmática iluminista, entre el reclamo por una cultura propia y la inserción en un sistema internacional”, al decir de Bernardo Subercaseaux.2


Portada Diccionario Biográfico de Pintores. PEDRO LIRA
Santiago de Chile: Impr., Encuadernación y Litogr. Esmeralda, 1902
Fuente: Memoria Chilena


  Es así, como los cada vez más frecuentes viajes a Europa, preparan a una generación chilena de jóvenes intelectuales más cercanos al periodismo moderno, y se convierten en redactores, directores, ilustradores y colaboradores de pasquines nacionales que se enfrentan con la oficialidad. Francia y Londres se convierten en los destinos favoritos de estos jóvenes que, a su regreso, contribuyen a cambiar las costumbres tradicionales del país, pero siempre ligados a una elite conservadora. Esto se traduce en un liberalismo progresista, un positivismo tardío, una actitud moderna frente al desarrollo estético de las artes y la educación, pero que mantiene la visión paternalista sobre las clases sociales, el arte y la cultura. Los artistas comienzan a actuar como voces públicas en cuanto a la producción de sus pares, adscribiéndose, en un inicio, a publicaciones editadas por ellos mismos o por su círculo más cercano, ya que

“(…) nuestros amigos cronistas cierran los oídos cuando les pedimos nos publiquen o reproduzcan nuestros pobres artículos, que si es verdad carecen de mérito literario, no es ménos cierto que encierran verdades a la manera de las de Pedro Grullo y que puestas en práctica serian utilidad y progreso moral e intelectual para el pais (sic)”3

  Esta incorporación del artista en el formato de la publicación crítica, especializada y el encuentro que se produce con la ideología y la esfera pública, se transforma en una suerte de ficción connatural a la posibilidad fundamental de la crítica de arte moderna. Así, Pedro Lira, José Miguel Blanco, Virginio Arias, Juan Francisco González, entre otros, ensayan y teorizan sobre el desarrollo de las Bellas Artes en Chile. Pedro Lira es profesor del curso superior de pintura en la Academia, traduce y publica la obra “La filosofía del Arte” del filósofo francés Hipólito Taine y realiza el primer diccionario Biográfico de Pintores, publicado por la Imprenta Esmeralda en 1902.


El Salón de 1901. AUGUSTO G. THOMSON
Revista Instantáneas de Luz i Sombra, Santiago 27 de octubre de 1901, año II, nº 84


  El Estado, por su parte, crea la Comisión Permanente de Bellas Artes en 1887 que tuvo a su cargo la Revista de Bellas Artes, que se da a conocer dos años más tarde bajo la supervisión del también crítico de arte, don Vicente Grez. Las formas discursivas, como el contenido establecido, varían según los medios en los que estos artistas y escritores participan, indistintamente, estableciendo estrategias para uno y otro. En este sentido, se configuran dos especies de crítica de arte: por una parte –como el caso de Lira- un género moderno, que difunde a los artistas, los salones y que, además, promueve una ideología estética, mientras que por otra parte, nos encontramos con una especie de literatura artística, donde el relato descriptivo y anecdótico sobrelleva la carga de la narración.4

  Es en el siglo XIX donde aparece un género inédito en este ámbito, como es la caricatura y que se constituye en el modo más ‘popular’ para democratizar los acontecimientos políticos y artísticos.5 La formación eurocéntrica de los artistas y los intelectuales del XIX, se inserta en una sociedad en formación a la cual estos jóvenes se enfrentan a su regreso. Si bien mantienen estrechos vínculos con Europa a través de la prensa escrita, los medios de circulación de las obras definen los medios de la crítica en la cual éstas son difundidas y viceversa. Ejerciéndose, tal vez, una crítica más especializada en aquellos medios no oficiales y dirigidos por intelectuales radicales y demócratas.

“En seguida surgen los señores criticos como las chinches en verano; cada uno muerde á sus enemigos, cada uno levanta y glorifica á sus amistades. ¡Qué importa la justicia, el arte! ¡Para que lo uno ni lo otro! ¿Que hay que entender algo, contar con cierta preparación para ser critico? ... ¡Necedad! basta tener buenas uñas, bombo sonoro, y haberse leido saltadita La filosofía del arte, de Taine; o las Versiones artisticas, de Federico Balart.
Y los pobres artistas, o se ven levantados sobre el nivel de Millet o de Fortuny, se pierden por una ligereza del periodista o por una antipatia, muchos dias de labor, muchos meritorios y valientes esfuerzos. ¡Ah, cuánto deben maldecirnos los desgraciados artistas, maniatados vergonzosamente, en poder de cualquier llena-carillas ramplón que por capricho o por disgusto personal, dice periquitos de la obra y pone de oro y azul al autor! (sic)”.6

Revista Zig Zag. FLORENCIO FERNANDEZ
Revista Zig Zag, "Los artistas que van a Europa. Víctor Martínez, Chela Aranis - La obra del centro de bellas artes", 30 de abril de 1927, n° 1158, año XXIII


  Así inicia su discurso sobre el Salón de 1900 Augusto Geomine Thomson -conocido más tarde como Augusto D’Halmar- en la revista Instantáneas de Luz i Sombra. Ello refleja que el sistema de la crítica y quienes lo ejercen, no varía los primeros años del nuevo siglo, pero sin embargo aparecen nuevas formas de reflexionar sobre el arte y, especialmente, voces jóvenes que se enfrentan a los discursos tradicionales. La misma revista dedica varios números a los pintores, escultores y escritores nacionales, con textos de Thomson y dibujos de Santiago Pulgar y cuya serie se denomina “Los 21”. Entre los artistas caricaturados, aparecen los escultores Virginio Arias y Nicanor Plaza y los pintores Juan Francisco González, Alfredo Valenzuela Puelma, Ernesto Molina, entre otros, algunos de los cuales participan, también, en la elaboración de textos de la revista. Con gran maestría en el arte del retrato, Pulgar realiza una síntesis de carácter irónico de sus personajes, continuando con un estilo de interpretar la crítica y su visualidad, iniciada en Chile por Antonio Smith y que durante toda la primera mitad del siglo XX es asumida por Julio Bozo (Moustache), que ridiculiza el arte nacional a través de sus caricaturas publicadas en la Revista Zig Zag,7 donde destacan las críticas a los monumentos públicos, los salones oficiales y las obras expuestas por los pintores chilenos asociados a las nuevas tendencias estéticas.

  A principios de siglo XX destaca la labor de Nathanael Yañez Silva en la Revista Zig Zag desde 1905 donde publica las secciones “Actualidad artística”, “Horas de taller” e “Interiores”, esta última dedicada a las colecciones privadas;8 también redacta para El Diario Ilustrado en 1906, al cual accede a través de Pedro Lira. Pero sin duda, una de las figuras más emblemáticas es Ricardo Richon Brunet. Artista y crítico de arte francés, se radica en Chile a partir de 1900 y es comisario de la Exposición Internacional de 1910, destacando en El Mercurio y la Revista Selecta, fue ilustrador del Pacífico Magazine y Director Artístico de la Revista Zig Zag. Miembro del Consejo de Bellas Artes, conformado por un grupo perteneciente a la mayoría oligárquica del país, como don Alberto Mackenna Subercaseaux y don Máximo del Campo, y por la clase intelectual, como los críticos Paulino Alfonso y el mismo Richon Brunet, el Consejo reúne tanto la visión social como artística de la clase conservadora del país y marca la pauta sobre la cual la sociedad debe regir su ‘gusto’ estético.

  En 1910 Richon Brunet resalta la importante participación intelectual de personajes como Luis Dávila Larraín, Luis Orrego Luco o don Paulino Alfonso, quienes “sea por sus escritos, sea por sus palabras, sea como miembros del Consejo de Bellas Artes” contribuyen al desarrollo artístico de la Nación y su cultura, la cual se encuentra “perfectamente establecida en los grandes círculos intelectuales”.9 Sin embargo, la postura de los artistas parece no coincidir con esta visión oficialista, enfrentándose a las detracciones sobre las políticas del Estado y sobre la participación continua de un grupo de pintores y escultores en los Salones Oficiales, despertando la suspicacia de artistas y críticos. La despreocupación del Gobierno y de la clase oligárquica respecto de sus artistas, ya había sido destacada por Vicuña Mackenna y Juan Rafael Allende a fines del siglo XIX, y el mismo año de 1910, Manuel Magallanes Moure escribe en la Revista Zig Zag un artículo denominado “Reseña de la Pintura en Chile” donde señala la indiferencia del Gobierno “que bien poco se ha preocupado en fomentarla”, pero que sin embargo “ha ido arraigando y echando renuevos, brotando y floreciendo como esas olvidadas enredaderas que germinan en la penumbra de un rincón…10


Nuestros Artistas. Caricatura de Virginio Arias. SANTIAGO PULGAR
Revista Instantáneas de Luz i Sombra, Santiago 10 de marzo de 1901, año II, nº 51


  Enfrentamientos que rigen la pauta del desarrollo artístico en Chile, donde posiciones divergentes promueven o sepultan tendencias y a sus protagonistas. En 1889, El Taller Ilustrado anuncia que “otra vez” Pedro Lira presenta al Salón su obra “Los Carboneros”,11 mientras que en 1896 Alfredo Valenzuela Puelma cuelga al revés un cuadro del pintor Juan Francisco González en el Salón realizado en Valparaíso ese mismo año, aludiendo a que la obra de González “de cualquier modo se ve bien”.12 En 1900 Augusto Thomson ironiza sobre la obra de la pintora Josefina del Pozo, señalando que “puede decirse desde luego que aquella medalla fue arrojada á un pozo”, considerándola como la peor obra del salón.13 Y en 1909, Moustache publica en la Revista Zig Zag un proyecto de frontón para el Palacio de Bellas Artes en el cual aparecen pintores y escultores enfrentándose, confusamente, en una batalla campal y al que el dibujante añade que “representa de una manera muy exacta el arte en Chile”.14

  Yáñez Silva, declara que la causa de estos pleitos provienen de las decisiones de los organizadores de los Salones, la mayor de las veces “sólo gente de buena voluntad”, señalando que,

“(..) quizás fueron aquellas desinteligencias o disgusto por causa del Reglamento en las exposiciones anuales, ese reglamento que siempre ha sido la piedra de escándalo de todo pleito entre artistas”.15


  Pero la época del Centenario da paso a una nueva generación de pintores provenientes de la clase media y asociados a las enseñanzas de Juan Francisco González y de Fernando Álvarez de Sotomayor –la llamada Generación del 13- quienes serán los primeros en quebrar el discurso resultante del siglo XIX. Junto a esta generación de pintores se abren las puertas hacia una nueva concepción crítica ligada a posturas relacionadas con las vanguardias latinoamericanas y la situación política de los países del sur, especialmente a través de la labor literaria de jóvenes escritores que se asocian en comunidades artísticas, bohemias y revolucionarias. La bohemia universitaria se consolida como el medio en el cual los jóvenes estudiantes participan de sus ideas, de los discursos contestatarios y las diversas tendencias, intereses y posturas que comienzan a afiatarse con fuerza en el siglo XX.

  En 1916 nace una de las agrupaciones de intelectuales más interesantes del siglo, el llamado Grupo Los Diez, conformado por pintores, escultores, músicos, arquitectos y poetas entre los que se encontraban Pedro Prado (poeta, pintor y arquitecto), Manuel Magallanes Moure (poeta, cuentista, pintor), Juan Francisco González (pintor), Armando Donoso (crítico literario, periodista), Alberto García Guerrero (músico), Alberto Ried (poeta, cuentista, escultor, pintor), Acario Cotapos (músico), Augusto D'Halmar (Augusto Thomson, novelista y cuentista), Alfonso Leng (músico y compositor), Julio Ortíz de Zárate (pintor), Ernesto A. Guzmán (poeta y ensayista), Eduardo Barrios (novelista y dramaturgo) y Julio Bertrand Vidal (arquitecto y pintor). En su primera publicación el grupo declara que,
“Si en la sección de crítica se censura o se aplaude, sólo lo haremos por dar forma a un noble anhelo de purificación artística. Ya es tiempo de dar, con un propósito impersonal y llevados por un espíritu sereno, opiniones cónscientes (sic) sobre obras que no tienen más acogida o sanción que artículos volanderos, escritos en diarios o periódicos por amigos que alaban sin medida o por enemigos que todo lo despedazan”.16


Monumento al roto… piojento. JUAN RAFAEL ALLENDE (1848 – 1909)
Caricatura publicada en El Padre Padilla, Año V. Nº 606. 11 de octubre de 1888


  Muchos de sus integrantes provienen de la Colonia Tolstoyana, un proyecto de carácter social y artístico liderado por D’Halmar entre los años 1904 y 1905. También pertenecía al grupo el pintor José Backhaus, que publica algunos textos sobre crítica de arte y artes visuales como “Orientaciones Modernas del Arte” de 1916 y en el cual hace referencia a las tendencias de los ismos artísticos del período.

  Si bien para 1910 ya se han consolidado algunas mujeres que ejercen la labor del periodismo y fungen como directoras de publicaciones desde la mitad del siglo anterior, estas voces femeninas se concentran en destacar sus derechos y reconocerse a sí mismas como sujetos sociales, más que delimitar teorías y opiniones respecto del arte chileno. Uno de los casos excepcionales que dedica algunas notas a la literatura artística es Inés Echeverría de Larraín (Iris) en las revistas Familia, La Revista Azul, Silueta, Revista Zig Zag y Pacífico Magazine y en los diarios El Mercurio y La Nación, promotora de la emancipación femenina, denuncia en sus escritos los prejuicios erigidos contra las escritoras.17 Y el de Mariana Cox de Stuven (Shade) que publica para los diarios El Mercurio, La Nación y La Unión interesantes artículos de crítica social, arte y literatura. Sin duda, entre los registros de las artistas debieron quedar, también, correspondencias que podrían destacar sus opiniones frente al desarrollo artístico del país, pero lamentablemente estos testimonios se mantienen tan ocultos como sus protagonistas.

  La historia de la crítica de arte permite el análisis de sus discursos, modos y medios en los que este género se desarrolla. Quiénes lo ejercen, cuándo, con quiénes se asocian y qué grupos de poder establecen los parámetros artísticos oficiales y no oficiales. Los textos de la crítica construyen filiaciones desde las cuales el arte nacional pareció legitimarse; esto explica cuándo, cómo y dónde los artistas ingresan a las normas de validación determinadas por estos grupos.

Gloria Cortés Aliaga
Historiadora del Arte

Referencias:
1 Laura Malosetti, Los primeros modernos, pág. 26
2 Bernardo Subercaseaux, Fin de siglo. La época de Balmaceda, págs. 319-323
3 José Miguel Blanco, “Dibujo: Su enseñanza en los Colejios”. En Anales de la Universidad de Chile. 1880, t. LVII
4 Guasch, Op.Cit, pág. 98. Este fenómeno no corresponde a un hecho exclusivo de nuestro país. Las críticas realizadas a la poca rigurosidad ejercida por nuestros escritores en torno al arte, es injustificada si se estudia el desarrollo de este género periodístico en el mundo durante todo el siglo XIX. Es decir, los escritores chilenos siguieron la tendencia generalizada especialmente en París, y que conocieron a través de los medios escritos a los cuales accedieron.
5 “El Correo Literario” es el primer periódico nacional que incluye caricaturas litográficas en 1858 y, por primera vez, un dibujante chileno incursiona en este ámbito. Se trata del pintor Antonio Smith y su discípulo, Benito Basterrica. Al respecto, Pedro Álvarez, Historia del Diseño Gráfico en Chile (2004) y Gloria Cortés, “De plumas y pinceles: texto y visualidad en la crítica de arte en Chile, en la segunda mitad del siglo XIX”, Estudios de Arte (2008).
6 Augusto Thomson, “En el Salón de 1900”, Revista Instantáneas de Luz i Sombra, 28 de octubre. Año I, nº32
7 Al respecto, el libro de Luisa Ulibarri, Caricaturas de ayer y hoy. Colección Nosotros los chilenos, Santiago 1972
8 Pedro Zamorano y Claudio Cortés,”Antonio Romera: asedio a su trabajo histórico y crítico”. Revista Universum, Nº 18, 2003. Pág. 243
9 Ricardo Richon Brunet, “El arte en Chile”, Catálogo de la Exposición Internacional de 1910, pág. 33
10 Magallanes Moure, Op.Cit. pág. 7
11 El Taller Ilustrado, 7 de enero de 1889
12 Pedro Zamorano y Claudio Cortés, “Pintura chilena a comienzos de siglo: hacia un esbozo de pensamiento crítico”. Revista Aisthesis. Nº 31, 1988, pág. 102
13 Augusto Thomson, “En el Salón de 1900”, Revista Instantáneas de Luz i Sombra, 18 de noviembre de 1900. Año I, nº35
14 “Fuera de Concurso”, Revista Zig-Zag nº 214, 9 de marzo de 1909. Caricatura Proyecto de frontón para el Palacio de Bellas Artes
15 Yáñez Silva, Op.Cit., “En el Salón”, El Diario Ilustrado, 13 de noviembre de 1923. pág. 8
16 Ediciones de Los Diez, Nº 1, año I, septiembre 1916. pág. 2 (Editorial)
17 Sobre el aporte de Inés Echeverría, ver Bernardo Subercaseaux, Historia de las ideas y de la cultura en Chile. Tomo III: El centenario y las vanguardias, págs. 87-89

Comentarios
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Rodolfo Andaur  - excelentes datos   |200.124.48.xxx |2010-09-09 21:12:03
Durante mucho tiempo, me ha llamado la atención tanto la forma y el modo en como se difunden los proyectos de artes visuales. En esta oportunidad, tomando en cuenta el texto de Gloria, me queda la sana y vibrante sensación que mientras más se hagan aportes para conocer parte de los críticos, críticas y contexto respecto al arte de nuestro país, estamos mejor preparados para difundir lo que se debe difundir. En este sentido, es vital leer y analizar la crítica y críticos con sus respectivos antecedentes históricos, políticos (redes) y culturales. Con estos datos de Gloria podremos crear un corpus que esclarezca los pesares propios del trabajo que nos lleva a construir un SUSTENTO CURATORIAL que asocie, de alguna u otra manera, datos y consideraciones para difundir la creación artística del país. Felicitaciones.
Andrés  - progreso?   |200.120.75.xxx |2010-09-10 16:53:29
Por lo descrito en este artículo, no ha habido mucho progreso en la crítica. Si uno cambia las fechas y los nombres podríamos estar hablando de algo perfectamente actual.
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