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Traducciones

Lágrimas Negras de Alejandra Prieto
Críticas
escrito por Daniel Reyes León   
07 de julio de 2011

“Lo cierto es que la pintura de los retratos, por la que se transmiten a la posteridad representaciones extraordinariamente fieles al original, ha caído totalmente en desuso. Se dedican efigies de plata, sin rasgos que difieren de las figuras. Se cambian las cabezas de unas estatuas con las otras, lo que ya hace tiempo provoca la proliferación de bromas en los versos satíricos. Hasta tal punto prefieren todos que se admire el material utilizado antes que se les reconozca”
Plinio el Viejo 1

Vista General de la Exposición "Lágrimas Negras"

En la escena de arte santiaguina, existen muchos discursos que median por un rigurosidad política y social que mejore las circunstancias con las que se produce cultura. A pesar de ello, son más bien escasos los artistas que aplican dichos discursos en el devenir de su obra, en la forma de producirla y/o en la manera de plantearse frente a los circuitos por los que las mismas circulan. Más bien, y bajo una paradigmática moda de lo relacional, se presentan oportunismos vacíos de contenidos o simplemente curatorías de insectario. En estos casos la igualación de obras de diversa procedencia es víctima de las ansiedades y los deseos de figuración de diversos agentes que se permiten, una y otra vez, retratar procesos o pretender historias que poco aportan al campo cultural. Ante este escenario, ubicar la obra de Alejandra Prieto no es fácil porque no debe ni puede ser leída desde ahí ya que, por un lado, la elección del lugar, y por otro, los procesos que ha ido desarrollando, se proponen como antagonistas de ese tipo de retóricas desiderativas.

En “Lágrimas Negras” de Alejandra Prieto, exposición realizada en la galería Die Ecke durante el mes de junio recién pasado, el oficio propio de la artista se vio replanteado desde un lugar que aboga justamente a un planteamiento político y social, pero no como discurso sino como activo de quienes desarrollan el trabajo plástico. La frontera entre la artesanía, la manualidad y la significación de un objeto rematerializado, se confrontan directamente a los extremos utilitarios del discurso artístico girando el rumbo hacia la obra plástica, hacia la cosa como potencial portadora de contenidos, lo cual permite ser mucho más elocuente que el discurso desiderativo de una obra.

Podríamos hablar de una madurez estilística, pero esa madurez no viene dada por los años, sino por la insistencia y la búsqueda de una representación, de una copia que por definición no pretende suplantar, sino más bien apropiarse de sus significaciones en la medida que se propone como una optimización cultural de la artesanía en un amplio espectro.


En el uso del carbón mineral no sólo encontramos una clara referencia a una de las historias del poder regional-local, sino que también se nos presenta como el signo de una sociedad mundial articulada desde ese material como pieza clave del motor industrial. Parte importante del desarrollo de la industria mundial vio en el carbón una fuente de energía económica y abundante, lo cual generó grandes movimientos sociales que hoy en día han sucumbido ante el surgimiento de tecnologías y recursos más eficientes y ecológicos. La sola historia del carbón ya nos presenta una línea de trabajo de sumo interés, porque está vinculada a una sociedad de la cual somos herederos y que localmente no ha sido revisada desde las artes visuales (no así en la literatura). Este dato sienta una referencia que, por mucha postmodernidad discursiva, conecta directamente la obra de Alejandra Prieto con nuestra historia social reciente.

En cuanto a la historia local, es significativo ver que el uso del carbón luego de su explotación industrial en la zona de Lota, pasó a ser un material para la artesanía debido principalmente al proceso de transformación y reasignación laboral del rubro minero en la zona. Es esta fijación de la artista la que potencia su relación con los canales productivos post industriales. Siendo Chile un país eminentemente minero, la obra de Alejandra Prieto se posiciona más allá con un tinte nostálgico hacia la minería y una propuesta hacia la artesanía, como si esta última fuera el resultado evidente de la desolación dejada por el abandono minero de una región.


Por otra parte, los objetos seleccionados para la realización de esta muestra (una lámpara de lágrimas y un espejo de grandes dimensiones construidos íntegramente en carbón) nos hablan del otro abandono, en cierto sentido más vintage. Si en algún momento la apropiación de Prieto por las formas del diseño y la arquitectura moderna caía en una alegoría matemática de la resignificación (una simple operación de intercambios de signo), ahora el equilibrio logrado entre la magnitud de los objetos y su relevancia simbólica en el campo de la decoración local, generan una nueva lectura -menos dogmática y más sincrética- entre los imaginarios de la artesanía postindustrial y los imaginarios de la pomposidad aristocrática perdida.

Este cruce, que en palabras más sencillas remite al “buen gusto” republicano y al objeto no serializado construido por “necesidad”, no solo es una declaración manifiesta de cómo una obra se puede instalar como bisagra entre los imaginarios locales, sino que también aboga por encontrar canales productivos que remitan a la condición cultural en la cual se crean las nuevas piezas de arte.


Referencia:
1. Plinio el Viejo, ”Textos de Historia del Arte", Ed la Balsa de la Medusa, Madrid, 2001. Pág 74.

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