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La Sutileza de Ascender
Críticas
escrito por Daniel Reyes León   
23 de septiembre de 2010

  “El arte de escalar” es la muestra que organizó en la galería AFA el artista Pablo Rivera, donde podemos ver la sala principal ocupada por un muro de escalada deportiva. Este despliegue, sin embargo, no alcanzó a nublar las piezas de oro que se presentaban, discretas, en un espacio más pequeño de la galería. El mapa expositivo se plantea como una instalación donde un muro de escalada deportiva se ubica a un costado de la sala principal, mostrando diversas dificultades para un potencial escalador. Dificultades que se tornan imposibles en el momento que una de las superficies de escalada se presenta absolutamente horizontal. Lo imposible, como potencialidad de la escalada, se muestra así como obra de arte, como provocación ostentosa de una cartografía extrema del desafío.


  Escalar, ascender, pisar, avanzar, progresar, aplastar, subir, elevar, encaramar, encamar, llegar, ascender. Verbos sinónimos de lo que la escalada significa en la escena social local: Subir de estatus socio-económico. Con nuevos términos como aspiracional, o el clásico progresista como antecedente, la distancia material existente entre el título de la muestra y lo que se observa en la sala, rompe la eminente metáfora que se elabora con el acto mismo de esta escenificación. Es decir, el desvío hacia el simulacro deportivo ahoga el descubrimiento de la lectura socio-económica de la escalada, de la misma forma que el fútbol u otros deportes canalizan el ímpetu nacionalista que antes llevaba a la guerra.

  Las piezas de oro ubicadas discretamente también ayudan a revisar que lo que finalmente se presta para la transacción comercial como objeto de arte, ya que sigue siendo una afirmación de aquello con lo que se nos pretende confundir mediante el mensaje superliminal. Por lo mismo, “El Arte de Escalar” de Pablo Rivera se encuentra aun más en estas piezas de fundición bañadas en oro, vacíos realizados a partir de cosas de uso coloquial, lo que rodea una serie de cosas que usamos a diario convertidos en objetos de libre admiración mediante su muda en joya, mediante su camuflaje de valorización, relectura y vacío; algo que podemos asimilar de los trabajos que anteriormente nos ha presentado este artista en cuanto a sus arquitecturas posibles.


  Escalando en la muestra, las fundiciones de Rivera se nos presentan como objetos de deseo, inmersas en una vitrina de cuantificación simbólica que permiten observar la serie como elementos únicos, todos ellos de un valor agregado que puede unirse a nosotros como producto inmaterial en la medida que se presentan como joyas y adquieren sus propiedades como bien de consumo. Se trata del bien potencial de estilo en torno al vacío, algo parecido a la explotación comercial del nihilismo, pero aventurado hacia una arquitectura de proyecto, la cual es más fácil leer desde la miniatura que en su aplicación real, quedando limitado el arte de escalar al campo del objeto asible, a la cercanía de escala como bien de deseo. La ausencia del objeto moldeado, el vacío de su presencia y la valoración mediante técnicas de fetichización externas, nos entregan más pistas sobre el levantamiento ficcionario que se asimila como parte del valor mismo del arte; acotándolo al factor somático de la belleza, del gusto y del estilo agenciados por el mercado del lujo.


  Pero ¿cuál es el mercado del lujo en una sociedad de consumos y compulsividades publicitarias, monos con navaja y doctorados cesantes? ¿Quiénes se encargan de testificar los movimientos y somatizaciones de la belleza, el gusto y el estilo como valores sociales? ¿Lo hace, lo hizo, lo hará alguna vez el artista? La construcción de una zona de escalada en la galería parece ser un gesto escatológico que denuncia la gordura estítica y ociosa de un arte local de buena familia, exigiendo sudor –como buen instructor/profesor que es Pablo Rivera- para escenificar el juego social del arte en el eternamente emergente rol de las galerías.

  Más que una instalación, el despliegue de un espacio de escalada es una querella, una provocación propia de quien necesita mejores contendores para elevar el nivel de las competencias. Más de alguien se cayó, escalando, en la misma inauguración; más de alguien compró esta incitación a la performance y creyó que puede ser el próximo simulacro del cambio social vinculado al arte, al espectáculo y, por qué no, al deporte aventura del arte del fetiche.



“El Arte de Escalar” del artista Pablo Rivera.
Galería AFA entre el 4 de agosto y el 11 de septiembre de 2010.

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