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Traducciones

Conversación con Cristóbal Lehyt, a propósito de El Penúltimo Paisaje
escrito por Maricruz Alarcón   
01 de mayo de 2009
Cristóbal Lehyt es chileno y hace 14 años se fue a vivir a Nueva York. Desde entonces, ha vuelto a exponer a Santiago en Galería Metropolitana, en el MAC y en Galería Die Ecke. Desde el 1 de abril exhibe El Penúltimo Paisaje en Fundación Telefónica. En el contexto de esta muestra, conversamos sobre las estrategias para generar una mirada sobre lo chileno en el país de las trasnacionales.

 


- Para empezar, quizás lo más obvio. Si te puedes referir a lo que significa volver a exponer a Chile, a hablar sobre paisajes chilenos, con materiales chilenos y formas chilenas en el territorio de una trasnacional española cuya sala de exposiciones está en un edificio corporativo emblemático de la transición, que es también el hito visible de la división de Santiago: de Plaza Italia para arriba y de Plaza Italia para abajo.

- Volver a Chile es un lugar común, entonces eso te demarca un área de acción. Eso es agradable porque uno puede usar posiciones que ya son aceptadas y que determinan como será leída la exposición. Pero lejos lo más interesante es el edificio, la multinacional y Plaza Italia, eso determina todo. Para no repetir lo que digo en el catálogo de la exposición (http://www.telefonicachile.cl/fundacion/arteycultura/cristobal_lehyt/catalogo.html) y lo que tú comentas -y que tal vez al decirlo es suficiente, como que se explica solo- te puedo hablar de un problema más general. La idea de hacer una obra crítica en una institución que te pone los fondos. Eso es más entretenido creo yo, uno tiene ciertas posiciones y la gente que tiene los fondos tiene otras, sin la ayuda de ellos uno no tiene posibilidad de hacer algunos tipos de trabajos y para ellos es bueno que uno haga algo semi crítico. Entonces mi idea inicial es dejar en claro algo, ahí pienso en hacer trabajos híper chilenos, no obras que haría en otras partes sino unas que sólo se puedan entender realmente en Chile. Eso inmediatamente refleja el espacio en sí y la institución, la multinacional y el edificio. Es algo que es bien forzado y que clarifica por contrastes: chileno-español, antiguo-nuevo, folclórico-moderno…etc.

- Sobre el paisaje chileno, eso es tan chileno como las gredas o Violeta Parra. En la cultura chilena el paisaje es una constante, sobre todo en las artes visuales -miles de referentes y casi todos bien aburridos así que es gracioso hablar de algo que se supone serio pero que a uno le da risa-.

- Tú tienes un trabajo en desarrollo que has mostrado en otras exposiciones, como por ejemplo en El Norte. Quizás podrías contar un poco acerca de qué se trata y que relación guarda con El Penúltimo Paisaje.

- El Norte es una obra que consiste en hacer, eventualmente, 100 paneles de imágenes del norte de Chile. Son dibujos, pinturas y fotos, todas del mismo tamaño y todas apoyadas contra la pared sobre el suelo. Son hechas como un regalo a toda la gente que quiere saber de donde vengo, acá -en EE.UU- te preguntan eso y uno tiene que tener una respuesta cortita; bueno, esta obra es lo contrario, es demasiado. La gracia es que tiene una regla conceptual media rancia que es que no debe ser expuesta en Latinoamérica, nunca. Es una obra para todo el resto del mundo, sobre el exotismo y las ganas que la gente tiene de entender otros lugares a través del arte… o sea es una obra que refleja los procesos típicos a los cuales alguien de Chile se ve sujeto acá. Lo que tiene que ver con lo de Telefónica pueden ser las ganas de hablar de lugares …también es lo contrario porque lo de Telefónica es para los chilenos y sólo se puede entender por los chilenos. El Norte no se entiende mucho más que como una provocación, lo bueno es que están bien hechas las imágenes y es muchísimo trabajo, lo que las hace funcionar como un archivo semi precioso. El Penúltimo Paisaje no es así, son obras transitorias y circunstanciales que desaparecen cuando termina la expo. El Norte queda porque son como comodines que se pegan a lugares varios. Tienen la capacidad de ser aglomeraciones de imágenes de lugares lejanos, para ellos, por lo tanto reflejan el espacio -si los instalé bien- y a la gente que los mira, pues los llevan al desierto. Esa dinámica por suerte siempre cambia y es determinada por el sitio de exposición, el contexto de la exposición, si es individual o colectiva etcétera. Funciona de diferentes formas y se pega a lo que está a su alrededor.

 

- En El penúltimo paisaje la muestra está articulada en tres lugares. Está Pomaire, que es esta escultura enorme hecha con pedazos de cacharros de greda, amontonados y pegoteados. Luego está Antofagasta, un contenedor-vitrina donde aparecen unos objetos pequeños de cuerda, entre arqueológicos y entre macramé de feria artesanal. Y La costa, una escena de amanecer -u ocaso- donde una pareja anónima parece discutir y reconciliarse, una y otra vez. A pesar de lo diferentes que aparecen las formas hay un hilo conductor, un recorrido, algo así como un relato en tres partes. ¿Podrías comentar en qué consiste esta división del espacio y cómo se encajan estos tres lugares dentro del relato?

- Los tres son lugares -los nombro- y son tiempos: pasado, presente y futuro. Son un recorrido, uno se ve enfrente de esta cosa gigantesca de 36 metros de largo y 180 de alto y 120 de ancho aproximadamente, camina alrededor y la ve entera -aun cuando siempre es incómodo porque uno nunca la ve con algo de distancia-. Después en Antofagasta uno recorre un espacio al cual uno no tiene acceso, sólo como espiando adentro, algo que uno no ve completamente, una especie de nudo ciego en el espacio de exhibición, todo en penumbras viendo pedacitos y tal vez imaginándose que más hay adentro del container. Y después el video en que uno está adentro del paisaje. O sea es un recorrido físico de descubrimiento, involucra a tu cuerpo de forma directa. Con esas sensaciones presentes uno ve cosas que tienen contenidos relativamente obvios, el pasado de Chile, el presente exportador y el futuro distópico, es una narrativa de tiempos pero lo más importante es la sensación física que uno tiene al enfrentar estas obras, cada una con sus exigencias y presencia. Los conceptos/objetos son materiales, no el sentido del trabajo; funcionan como la pareja en el video que esta ahí para activar el paisaje o sino no hay conexión con las escenas, serían postales de video en vez de una historia. O sea cada elemento se nutre del otro y así sucesivamente, historias y narrativas y por último clichés que hablan de qué significa estar en ese espacio mirando estas cosas.

- ¿Cómo funciona La costa como epílogo de este relato?

- Le da el tono final, es melancólico y distópico, ojalá que al ver el video la gente vea las obras de vuelta-porque tienen que verlas de nuevo al salir-con ese filtro. O sea toda la muestra es bien triste creo yo.

- En Pomaire hay mucho material destruido y vuelto a juntar a la fuerza, una especie de caos con forma. Este gesto de juntar materiales y amontonar pedazos, personalmente, lo veo muy de exportación, como la estética de los chips de madera, la harina de pescado o las barras de cobre. Son materiales concretos; procesados, destruidos y vueltos a conformar en una figura informe, pero aún sin disolver completamente sus cualidades formales anteriores. Pareciera que la fuerza destructiva que los asoló tuvo la delicadeza de escoger el tipo de quiebre que efectuaría, el indicado para romper la forma sin desfigurarla. Como en El séptimo continente de Haneke, cuando la familia rompe aplicadamente sus pertenencias domésticas, cortando con una tijera los chalecos o tirando por el W.C. los billetes y las monedas. Me vino a la cabeza porque tal como en tu escultura, el foco está puesto en cómo se rompe lo que se rompe, más que en la pulsión de violencia. En definitiva parece tener como fin atentar contra los objetos en su función y en su apariencia, después de eso vuelven a tener sólo su cualidad material, pero ésta ya no es pura ni original. No sé si puedes ampliar esta idea, me parece que no sólo tiene referentes en las políticas económicas de Chile sino también me recuerdan -y quizás aquí voy a pecar de historicista- la absorción del modernismo por parte de las culturas latinoamericanas, el Manifiesto Antropófago, etc...

- Me parece súper buena la forma en que lo describes, pero yo no lo veo tanto así. Empecé por el otro lado, o sea el total y como tiene que ser de una manera y la forma de que sea así es en una aglomeración semi controlada pero caótica también. Por ahí pienso la escultura, son quiebres semi controlados y acumulados…pero no sé si yo los conecto con los chips y la harina de pescado y el cobre…yo más bien pensaba en el total, que pareciera un alud, un terremoto, una cordillera y Chile…por ese lado y todo fue roto para que pareciera eso. La parte de la exportación la pensé para el container, pero ahora que me dices eso puede ser que mi forma de pensar la expo ya se rigidizó y me cuesta más pensar en otras formas de ver Pomaire. En relación a la parte antropofágica, yo siempre pienso en que Pomaire es un monumento escatológico, pulsante e informe, la cosa brasilera latinoamericanista no es algo que yo sienta muy cercano, es demasiado positiva inicialmente, para mi, aun cuando tiene su parte siniestra. La cosa de Bataille es más interesante, los excesos y la escoria…lo que me hace pensar que por ahí se podría conectar con lo del cobre…

- Tu container tiene una luz roja, que tiñe completamente lo que está dentro. No es sólo un detonante atmosférico sino una condición física que incide en la percepción de los objetos. Lo mismo esta vitrina que muestra el holograma de Violeta Parra; posibilita la visión de estos objetos y a la vez niegan radicalmente el acceso, tanto de la mirada como de poder acercarse físicamente. ¿Puedes comentar cómo opera este gesto de visualización y clausura?

- Lo primero es que uno ve una pieza o vitrina a la cual uno no tiene acceso. La gracia para mí es que los objetos se transforman en imágenes, el rojo aplana lo tridimensional y al verlo por un ventana uno solo tiene un punto de vista haciéndolos virtualmente planos aún cuando uno ve la tridimensionalidad. El rojo es algo raro creo yo, como de emergencia o de cuarto oscuro o de un museo del futuro con luz para proteger estos supuestos objetos preciosos. Y el color rojo es un color súper saturado de significados en sí.
El holograma hace eso solo, entonces lo puse en una vitrina tipo iglesia, con terciopelo negro y una luz dramática. Lo gracioso del holograma es que es un holograma de algo casi plano, el repujado de Violeta de feria artesanal -cancelando la gracia principal de hacer un holograma-.
La clausura es algo que llevo trabajando hace mucho tiempo, imágenes que uno ve pero que no reconoce, eso es algo que me parece entretenido porque obliga a re-leer algo que uno piensa que ya se conoce. Me importa dejar en claro que uno sólo puede ver las cosas desde una parte y que el resto está pero uno no puede acceder a ello por alguna razón. El container entero es así, uno ve unos pedazos adentro y se imagina el resto o siente la masa que podría estar adentro. Al final clausurar obliga a uno a imaginarse cosas, lo que uno no ve, eso es más interesante creo yo.

- Eso de completar lo ausente tiene harto que ver con algo en lo que estaba pensando: siempre me ha parecido que los nortinos son buenos para los cuentos. Pero no son leyendas tan bien armadas narrativamente como las chilotas, por ejemplo. Son más bien anécdotas. No son relatos estables, anclados en un lugar específico del imaginario mitológico. En los cuentos del norte siempre hay cosas medio extrañas, mezcladas; o los penan los soldados de la Guerra del Pacífico, o los obreros de las salitreras o los detenidos desaparecidos. O todos juntos. En las ciudades del norte hay muchas cosas, materiales, costumbres que parecen haber sido importadas de algún lado y sin embargo, cuando intentas aproximarte a ellas, su fuente de origen está borroneada por el polvo, por el tiempo o por las miles de historias que hay alrededor de ellas.
A lo que voy, pareciera que el norte se desocupa, se vacía de gente cada tanto, cada vez que se agota alguno de sus nichos productivos. Los residuos materiales que dejan estas poblaciones se ocultan o se pierden y los restos simbólicos, los imaginarios y las mitologías de origen se mezclan y se sobreponen hasta confundirse, y sólo aparecen como consecuencias terceras o cuartas de lo que pasó antes, con tintes misteriosos o sobrenaturales, que creo no son más que el ocultamiento de las coyunturas que las originan. Por ejemplo, cuando sabemos que el agua del Loa está contaminada o que emigraron los flamencos de algún salar, o que cayó una red de prostitución de colombianas.
Hay una figura de tu trabajo que me llama la atención en relación con esto, que es la imagen del fantasma. La Violeta Parra-holograma, las formas dentro del container o estos personajes de tus dibujos anteriores. Quizás podrías comentar como ves tú esta noción de aparición, dónde te posicionas frente a ella y frente a lo natural o a lo sobrenatural que le da origen. Tiene algo medio esotérico y medio folclórico, como Miguel Ángel que veía a la Virgen en Villa Alemana o algo así.

- Te pasaste con la pregunta, está muy bien dicho. Como que explicas algo que me importa mucho y que nunca había dicho de esa forma. Es así justo lo que dices.
Son recuerdos y cosas que te enseñan y como soy mas viejo que tú, cosas que uno se imaginaba eran censuradas por la dictadura. Y también como mencionamos en la primera pregunta es algo de volver a Chile, y volver siempre es volver a encontrarse con la persona que uno era cuando uno se fue…o sea cuando tenía 21 años. Y ahí pasa algo súper chileno, uno se pone poético, es cosa de aguantar la posibilidad de tener emociones en obras de arte lo que podría ser-aparentemente- la antítesis del arte conceptual. Los chilenos somos sensibleros y emocionales y dramáticos y esta exposición es así. Uno ve cosas y las conecta con algo personal y de forma bien directa, eso, si pasa, sería excelente.
- Los fantasmas lo acompañan a uno, Violeta Parra es un fantasma para más de algún chileno incluyéndome a mi, es como bonito, algo que sólo se puede entender en Chile.
La figura del fantasma es la de la persona no invitada pero que es testigo y ayuda aun cuando uno no la quiera. Es una figura que es bien literaria y responde a necesidades de carencia. Todo poético y casi kitsch lo que lo hace aceptable creo yo. Lo folclórico funciona de forma parecida porque apunta a un supuesto origen de identidad tal vez perdido pero que vive en la mezcla. Todas cosas que uno piensa al ver algo chileno, es sucio y poético y complicado, todos materiales para hacer obras.

 

 

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